Febrero 1, 2011

Drogas y sexo

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Una de las creencias populares más arraigada es la de que algunas de las drogas de abuso pueden mejorar el desempeño y la experiencia sexuales.

 

No es fácil negar que con un par de tragos puede vivirse una experiencia sexual diferente, más osada y desinhibida, e incluso hasta más larga por cuanto el alcohol puede producir algunos efectos de retardo de la eyaculación. Tampoco es fácil negar que el efecto alucinógeno de la marihuana puede llegar a producir sensaciones orgásmicas más largas e intensas; o que una dosis de cocaína pueda devolver un cierto grado de lucidez al pasado de copas como para desempeñarse aceptablemente en la cama. Para ciertos adictos al tabaco, un cigarrillo puede devolverles un tanto de calma; las anfetaminas y metanfetaminas pueden producir un cierto grado de energización transitoria como para sentirse particularmente sexual y así, podríamos seguir mencionando los “beneficios” o “bondades” de estas drogas de abuso sobre las que se promueve la información que conviene a los distribuidores o traficantes, pero sobre las que no se mencionan los efectos colaterales o consecuencias por su uso y abuso.

 

Hoy sabemos, a diferencia de hace unas décadas cuando se promocionaban algunas de estas sustancias como panaceas que solo traían maravillosos resultados, que todas ellas, sin excepción, causan serios problemas en el desempeño sexual de los consumidores, muchas veces de manera irreversible.

 

El cigarrillo daña la vascularización peneal haciendo las erecciones menos tumescentes o duraderas. Esta condición es la definición de texto de una disfunción eréctil, antes denominada impotencia. Al igual que con la marihuana, puede llegar a disminuir la cantidad de testosterona.

 

El alcohol altera el funcionamiento hepático y endocrino y así la capacidad para mantener los niveles adecuados de hormonas; se disminuye el tamaño de los testículos y se aumenta la proporción de hormonas femeninas causando serios desórdenes hasta el punto de desarrollar las glándulas mamarias en los hombres y hasta hacerlos producir leche.

  

La cocaína, y en general todos los estimulantes fuertes como las anfetaminas; pero también los depresores fuertes o barbitúricos en el otro extremo, además de ser frecuentes causantes de disfunción eréctil, pueden llegar a bloquear el orgasmo en la mujer y el orgasmo y la eyaculación en el hombre.

 

Con todas las drogas mencionadas se ha evidenciado potencial daño o disfunción del sistema nervioso, daño o disfunción en hígado y riñones, y daño o disfunción en genitales.

 

Cabe entonces la inquietud más humana; la que nos hace diferentes del resto de animales: ¿valdrá la pena privarnos de ciertos indudables placeres inmediatos a cambio de inciertos e intangibles beneficios en nuestra salud física y mental en el futuro?

 

Los otros animales no se hacen la pregunta pero sabemos que actúan con tal inmediatez para tratar de dar solución a sus necesidades por cuanto no tienen conciencia de futuro. Su conciencia es del ya, del ahora.

 

Si usted tiene conciencia de futuro, confiamos en que su respuesta a la inquietud sea afirmativa y que con ello se cuide de tentaciones y excesos que solo traerían un costo muy alto en tiempo y malestar a cambio de un corto rato de placer.

 

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